EL IMPACTO DE LOS TESTS DE ESTRÉS
19-07-200
Autor: Universia Knowledge
Mientras el debate sobre la tasa continúa, los test de resistencia o test de estrés para evaluar la calidad de los balances y la solvencia de las entidades se han convertido en el gran caballo de batalla con el que la UE quiere dar a los mercados financieros argumentos para tranquilizar a los inversores más desconfiados.
El 23 de julio se conocerá el resultado de las pruebas, que se han realizado a más entidades de las previstas inicialmente. Las que se realicen a los 25 mayores bancos no deberían deparar grandes sorpresas.


Pero otra cosa bien distinta es el estado de salud que las pruebas dictaminen para el conjunto de las 91 entidades que van a ser objeto de análisis gracias a la presión ejercida por el Banco Central Europeo y la Comisión Europa. Por lo tanto, se van a someter a la prueba de los bancos centrales un amplio número de bancos medianos y, en el caso concreto de España, también las cajas de ahorros, entidades que dedican parte de sus dividendos a fines sociales y tienen representación política en su seno. El casi centenar de entidades de 20 países representa el 65% del sector bancario de la Unión Europea. España es quien más entidades va a poner a prueba, 27, de las cuales 18 son cajas.
Hay observadores que temen que las cañas se vuelvan lanzas.
Es decir, que los mercados acusen el golpe si de las pruebas se deduce que los balances y las cuentas de resultados que hoy conocemos de una buena parte del sector no representan fielmente el impacto de la crisis en las entidades. No se debate si es necesaria esta dosis extra de transparencia, sino sobre las condiciones en la que realiza y hacia dónde debe ir encaminada. “Las pruebas de estrés tienen todo el sentido, se han hecho siempre y cuando más públicas se hagan, mejor. Para mí, eso se llama competir”, asegura Manuel Romera que, no obstante, previene del “riesgo sistémico que esta publicación puede provocar”.

¿A qué se enfrenta España? Descartadas las tensiones en la gran banca, la duda está en el resultado de aquellas entidades sobre las que pesa la sospecha de que han sido duramente golpeadas por la crisis. La mezcla de grandes, medianos y pequeños bancos en los test preocupa a Santamaría. “Utilizando el símil futbolístico, de las entidades españoles que van pasar las pruebas de estrés, unas juegan en la Champions (que disputan los mejores equipos europeos) y otras son de Segunda B (tercer nivel del campeonato nacional español). Habrá que separar a los grandes (bancos) del resto y a las cajas buenas de las contaminadas. Si no se discrimina, será malo para España”. Respecto a las dudas sobre qué pasaría si hay sorpresas negativas, Santamaría distingue en el caso español entre los bancos medianos y las cajas de ahorros. “Son dos mundos distintos. Los bancos pueden fusionarse en cuestión de días si es necesario porque no tiene condicionantes políticos. En cualquier caso, son dos sectores en plena reestructuración”.
En España, añade Santamaría, “la diferencia con lo que ha ocurrido en otros países es que los controles de riesgos son muy sofisticados. En la gran banca no se ha detectado ningún agujero e incluso las entidades han sido muy trasparentes a la hora de comunicar y provisionar los activos inmobiliarios que se han adjudicado desde que empezó la crisis. Ha habido momentos de dificultad puntuales, como el caso Madoff que afectó a Banco Santander, que se han resuelto muy rápidamente”.
No obstante, el debate sube de tono cuando se plantea cuál es el nivel de exigencia y de transparencia de las pruebas. Hay ciertas dudas sobre qué tipo de escenarios ha elegido el supervisor para valorar el estado de salud del sector y, sobre todo, se desconfía de que algunos elementos claves de los resultados no lleguen a la opinión pública. De momento, se sabe que el 23 de julio los datos de cada banco se comunicarán de forma individual. Sin embargo, se desconoce el nivel de detalle que se pondrá a disposición de los mercados. Santamaría es “partidario de que el regulador aplique criterios de transparencia en el sistema financiero de la UE, pero que estos criterios sean conocidos, su metodología avalada por reconocidos expertos y que no entren en colisión con los criterios de agencias de rating o los supervisores nacionales”.
Conviene ser prudente porque, como señala Santamaría, la clave está “en si la mayoría de la gente va a dar crédito a los resultados de las pruebas a las 91 entidades. Es decir, si los grandes inversores, la clase política y los líderes de opinión tendrán claro que el diagnóstico es válido. Y para eso las políticas de los supervisores deben ser armonizadas. Con el simple hecho de que se hagan los test, no basta”.
De momento, los escépticos no dejan de plantear dudas sobre la transparencia y por lo tanto la efectividad del proceso. Los medios de comunicación anglosajones han sido muy críticos en las últimas semanas con la operativa que Bruselas ha puesto en marca para la realización de las pruebas.
Periódicos como el Wall Street Journal y el Financial Times discrepa del método porque no dice qué medidas se van a tomar con los bancos que no superen el test. Y bajan a lo concreto cuando se preguntan por qué no se ha hecho pública la metodología de las pruebas y qué requisitos deben cumplir, como sí hizo Estados Unidos.
La otra gran crítica es que se desconoce cómo se va a medir la exposición de las entidades a la deuda soberana de los países. Dicho de otra forma, creen que los inversores están obligados a hacer un acto de fe mientras crece la sospecha de que las pruebas no van a ser todo lo exigentes que deberían. Muchos se preguntan si se contempla un escenario como el cierre total de los mercados de financiación.